El término “relación tóxica” hace referencia a las consecuencias emocionales “negativas” de tener interacciones con alguna persona. Estas consecuencias son la aparición de emociones como la tristeza, el miedo y el coraje. Existe una permanencia del conflicto sin resolverse en la mayor parte de la interacción. Las luchas de poder no permiten el intercambio emocional. Las personas dan cuenta de vivencias que al final de cada día les da una sensación de cansancio y desgaste. Generalmente, la relación se mantiene porque se siente una obligación de mantener el vínculo con alguna persona, ya sea por el lazo familiar o por la amistad o compromisos vividos como importantes.

En general, el conflicto y las emociones ofrecen a las personas la oportunidad de modificar la relación, replantearse nuevas maneras de hacer las cosas, de hablarse, de cómo se dividen las responsabilidades de las actividades compartidas, etc.

Las emociones son la forma que tiene nuestra mente de informarnos de lo que está ocurriendo, así como de darnos o restarnos energía para resolver la situación. La clave para sentirse mejor consiste en dar seguimiento a lo que las causa, para tomar medidas y que las situaciones no vuelvan a repetirse.

El conflicto es cada punto en donde podemos ver que no pensamos igual que la otra persona; a veces, lo vamos a resolver cuando se ubica que lo que plantea una de las partes es la mejor opción, y, en otras ocasiones, hay que generar una solución a medida en la que ambas partes ganen.

Como podemos ver, el estancamiento y la sensación de desgaste son los principales medidores de la toxicidad.

¿Cuándo está en riesgo tu integridad?

Cuando establecemos relaciones que nos lastiman o desgastan, no nos damos cuenta, hasta que hacemos un recuento de lo que estamos viviendo. A veces ese recuento viene de un episodio de profunda decepción, tristeza y enojo. La mayoría de las veces es a través de una conversación, cuando externamos con alguien de nuestra confianza lo que está ocurriendo. Sin embargo, a veces, aunque nos escuchemos, no damos seguimiento porque hay culpa respecto a lo que hacemos o cómo somos, o porque desde nuestra infancia hemos establecido relaciones de este modo y no sabemos reconocer que es así, se nos hace un paisaje natural la tristeza, la impotencia, la violencia, etc.

Por estas razones, ponemos a tu disposición algunos indicadores que señalan que la relación en la que te encuentras con tu familiar, amistad o personal del trabajo es altamente tóxica y requiere de medidas urgentes para cambiar la dinámica o ponerle punto final a la relación.

  1. Existe control. Tú o la otra persona condicionan al otro para que realice actividades, o sea de alguna manera, que tú o la otra persona considera que “debe ser”.
  2. Ubicas que tú o la otra persona se quejan constantemente y descargan toda su frustración en la relación. Se colocan en una función de bote de basura porque no se generan acuerdos, ni se busca hacer cambios para mejorar.
  3. Existe una crítica constante sobre la forma de ser o pensar de una persona. Ya sea que tú la critiques o seas quien recibe los comentarios. Las descalificaciones llegan a generar sentimientos de incompetencia y baja estima personal.
  4. Hay chantaje emocional. Se hacen dramas que terminan haciendo que la otra persona suspenda un compromiso laboral, cambie sus metas, regrese a la relación, etc.
  5. Se sobreestima la relación: En ocasiones, pensamos que es imposible cambiar la dinámica de la relación porque nos es indispensable esa persona, porque es la base de nuestra vida y sin esa relación nuestra estabilidad sería amenazada.

Una vez que has identificado que la relación que tienes con alguna persona te lastima, es importante que tomes medidas, aquí hay algunos ejercicios que te pueden apoyar:

  1. Responsabilízate. El término de relaciones tóxicas no hace referencia a que nosotros nos hemos topado con una persona quejumbrosa, abusiva y controladora, sino a que hemos construido una relación en donde se permite al otro o a uno mismo ser así. Reconocer la participación te prepara para empoderarte y reconocer que la mitad del resultado depende de acciones y cambios en ti.
  2. Confía en lo que sientes. El principal medidor para ubicar cómo nos encontramos es nuestra sensibilidad interior, es un cúmulo de sensaciones, de pensamientos y de valores que nos gritan que no están marchando bien las interacciones con alguna persona.
  3. Aprende a decir no. En las relaciones tóxicas, los límites han sido rebasados, no se reconoce hasta dónde somos capaces de dar sin dañarnos a nosotros mismos. El ejercicio de decir no, nos apoya a reconocer nuestros límites personales.
  4. Toma distancia. En ocasiones podemos darnos cuenta de que la situación no va a cambiar y que es importante alejarnos, pero no nos atrevemos.
  5. Analiza tus miedos y enfréntalos. ¿Qué es lo que no quieres perder? Localiza tus miedos y escúchalos; a medida que lo hagas, estos irán perdiendo fuerza y se irán. En ocasiones, existen más opciones que la de sacrificarnos para responsabilizarnos de los compromisos adquiridos con esa persona.
  6. Pide apoyo profesional. Cualquier malestar emocional que permanece y que no podemos resolver con lo que intentamos merece una consulta profesional.
  7. No te dejes llevar por la luna de miel. Si detectas que hay periodos de felicidad que no duran mucho, estás en su ciclo de violencia y hay que darle seguimiento profesional.