Familias hay muchas. Las pueden componer integrantes adultos o quizá haya niños; algunas son pequeñas, en otras viven muchas personas. Todas son válidas e igual de importantes.

Cuando los miembros de ese núcleo platican y establecen acuerdos sobre la función de cada uno, su participación y metas comunes, es mucho más fácil obtener buenos resultados. De hecho, esta práctica se vuelve imprescindible para lograr una estabilidad económica que abrace a cada uno.

Recordemos que la economía de una familia se compone de dos elementos fundamentales: cuánto dinero reciben entre todos y, cuáles son los gastos comunes. Esta identificación es posible obtenerla cuando se realiza un presupuesto familiar, es decir, se pone por escrito cada cuándo y qué cantidad de dinero se recibe, así como, cuándo, en qué y cuánto se paga por bienes y servicios.

Una vez que se tiene plenamente identificada dicha información, pueden establecerse las metas a lograr, por ejemplo: pagar las deudas, crear un fondo de ahorro para emergencias o juntar el enganche para comprar una casa. La idea es que todos los participantes estén de acuerdo y enfoquen sus esfuerzos en ello.

¡Llegó el momento de ajustar el presupuesto! Las metas no se logran sin esfuerzo, alcanzarlas implica tener que revisar las anotaciones hechas sobre ingresos y egresos, con la finalidad de revisar aquel gasto reducible o eliminable, generando así un ahorro paulatino que impacte positivamente en el cumplimiento de los objetivos, es decir: hay que apretar el cinturón.

Aunque existen muchas formas de disminuir los gastos, se pueden implementar algunas reglas generales al interior de la familia, por ejemplo:

  • Nunca se debe gastar una cantidad mayor a la presupuestada.
  • Haz una lista semanal/quincenal/mensual de compras. Esto es ideal para evitar que adquieras cosas innecesarias.
  • Las “ofertas” no siempre son la mejor opción. Compara precios en diferentes almacenes/supermercados/mercados/tienditas/otros, antes de tomar la mejor decisión.
  • Nunca dejes de pagar tus deudas, pues ocasionarás el incremento de éstas y riesgos legales importantes, como perder tu patrimonio.
  • Ahorrar es tarea de todos: asegúrate que todas las llaves de agua estén bien cerradas y sin goteras. Utiliza sólo el gas estrictamente necesario. Desconecta los aparatos eléctricos no utilizados.
  • Reutilizar, reciclar y reducir los desechos, no sólo es cuestión ambiental, también ayuda a proteger tu bolsillo dándole una segunda vida a las cosas.

Como estas reglas ¡hay muchas! La idea es que te animes a compartirlas con tu familia, lleguen a buenos acuerdos y las escriban, poniéndolas en un lugar visible, para recordar, continuamente, lo necesario para lograr su tan esperada meta.

¡En familia, todo es más fácil! Y tú, ¿qué otras reglas agregarías?

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