Cuando se habla de adicción, se piensa de inmediato en el consumo de alcohol, cocaína, morfina y otras sustancias, pero no se suele pensar en el azúcar, a pesar de que es uno de los principales alimentos consumidos mundialmente, a tal grado que, actualmente, se llegan a producir 160 millones de toneladas al año.

El azúcar pertenece al grupo de los hidratos de carbono o carbohidratos; se obtiene de la caña de azúcar (de su tallo) o del betabel (remolacha). Esta extracción pasa por un proceso de refinación, el cual consiste en formar pequeños cristales.

La adicción se puede presentar debido al uso compulsivo e incontrolable del azúcar y su proceso se divide en tres etapas: La primera conocida como “Binge eating”, esta etapa representa lo que se conoce como “atracón” y se caracteriza por el acceso ilimitado al azúcar, así, cuando se ingiere, se hará en grandes cantidades. Esto nos lleva a un aumento de dopamina (sustancia que ayuda a regular los impulsos nerviosos en nuestro cerebro), que contribuye a la adicción. Después aparece el “escalamiento”, que es el aumento progresivo de la ingesta de azúcar, lo que provocará una sensibilización conductual, que es la exageración de las conductas, especialmente motoras. La actividad motora progresa a medida que el individuo necesita consumir más cantidades de esa sustancia; esta sensibilización se produce por cambios en diferentes receptores y en áreas específicas del cerebro.

La segunda etapa, denominada de codependencia, consiste en consumir una gran cantidad de azúcar a través de algún alimento. Aquí las personas se vuelven “adictas”, dependientes de ese carbohidrato, se caracteriza por aparición de signos y síntomas que conforman el síndrome de abstinencia y apuntan a la etapa de dependencia.

Por último, la tercera etapa, conocida como el deseo o “craving”. Se manifiesta a través de un proceso de ansiedad y deseo profundo por el consumo de alimentos altos en azúcares, provocando así una “recaída”; en estos casos, el consumo de azúcares puede llegar a ser excesivo ante la necesidad de mitigar la sensación.

El azúcar posee la capacidad de modificar el pH corporal, acidificándolo, es decir que tras su digestión y metabolización deja residuos ácidos (agua + ácido carbónico). Estos residuos ácidos son causantes de osteoporosis, además se ha observado que una ingesta elevada de azúcar puede interferir en la absorción de proteínas, también estimula al páncreas para que produzca una cantidad elevada de insulina, que puede derivar en el desarrollo de diabetes y obesidad, y, como consecuencia, alteraciones en el sistema nervioso.

Conocer que alimentos son lo que pueden llegar a ocasionar una adicción al azúcar es importante. Para ello lo dividiremos en dos grupos, aquellos que contienen azúcares en su forma natural (frutas, verduras, leche, cereales y tubérculos) y que deben formar parte de la alimentación diaria. Y por otra parte, aquellos en donde se utiliza el azúcar como un aditivo, dentro de este grupo, podemos englobar a todos aquellos alimentos industrializados (yogurt, pan, galletas, pastelillos, refrescos o bebidas embotelladas, dulces, cereales de caja, helados, etc.), que, al ser incluidos de forma constante y excesiva en la dieta, puede desencadenar una mayor necesidad de consumirlo y, a su vez, de forma paulatina, el deterioro de la salud.

El consumo de azúcar, en exceso, tiene un proceso similar al de cualquier adicción; dicha “adicción” está condicionada por dos factores.

Primero y el más importante, el factor ambiental, que se caracteriza por un patrón de conducta adquirida de consumo de productos con altos niveles de azúcar, inducido por el medio y la cultura que rodea a las personas, y alentado por el bombardeo masivo de publicidad, aunado a los hábitos alimenticios, poco saludables, que comienzan desde la infancia.

El segundo factor, es el fisiológico, manifestado por la necesidad de consumir alimentos azucarados.

Es por esto por lo que se debe romper el ciclo vicioso, mediante la aceptación de esta condición, siendo consciente de los efectos negativos que produce y teniendo una disposición a disminuir el consumo de dicha sustancia y sus derivados; fomentando una dieta saludable y equilibrada, basada en los requerimientos calóricos diarios, así como en el ejercicio físico.

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