El noviazgo es una etapa de experiencias enriquecedoras, de él nacen deseos, pensamientos, actos y pretensiones que van hacia el bienestar propio y de la pareja, dentro de un ambiente afectivo. Es, pues, una etapa de conocimiento de la otra persona, de nosotros mismos y de la manera en que nos relacionamos.

Si bien es una etapa confortante, hay espacio también para el desencuentro, momentos en los que es complicado estar con la pareja. A partir de aquí́ hay una línea delgada entre una relación sana, que se disfrute y que enriquezca personalmente, y la relación que desgaste emocionalmente.

Muchas veces comportamientos y actitudes violentas se normalizan y se hacen invisibles, ¿de qué forma se presenta la violencia en el noviazgo? Reconócelo a partir de las siguientes consideraciones.

Las formas en las que actúa la violencia dentro del noviazgo pueden presentarse de manera muy sutil, aumentan con el tiempo en intensidad y, generalmente, logran pasar inadvertidas, gracias a todas aquellas ideas, creencias o comportamientos que contribuyen a no poder identificarla, que la hacen ver como algo insignificante, sin importancia, que la justifican y que dificultan abandonar relaciones de este tipo.

Algunas razones por las que se mantienen estas relaciones son:

  1. Se tiende a ver a la pareja como algo ideal y único, resaltando sus características positivas se deja de prestar atención a lo que perjudica.
  2. Se justifican los actos quitando responsabilidad con el argumento de que es algo temporal, que la persona cambiará en cualquier momento, que no hay una intención de dañar, sino de corregir, que es para un “bien”.
  3. Se tiene la idea que la violencia ocurre solamente en relaciones más formales como el matrimonio, y sólo a personas adultas, también se tiene la idea de que esto sólo ocurre en clases sociales bajas, o que sólo se presenta en forma de violencia física o sexual, dejando de lado la violencia psicológica, verbal, económica y patrimonial.
  4. La transmisión de cultura a través de ideales o estereotipos de género. Un ejemplo es la normalización de los celos, de querer controlar a la otra persona, de que el varón deba pagar todo lo que consuma la mujer durante las citas, etc.

La relevancia de las consecuencias físicas, emocionales, psicológicas y sociales es razón de sobra, para implementar estrategias que permitan prevenirla, reconocerla, evitarla, erradicarla y buscar la recuperación cuando se ha presentado.

¿Cómo identificar la violencia?

En el noviazgo, la violencia aparece con sutileza: desde ignorar, descalificar y humillar; hasta presentarse agresiones físicas que ponen en riesgo la integridad física de alguno de los miembros de la pareja.

La agresión física comienza desde empujones, pellizcos, jaloneos, hasta cachetadas, golpes e, incluso, violencia sexual, con el objetivo de someter y controlar a la pareja.

Los celos son una de las principales manifestaciones de control y violencia, aunque generalmente se ven como muestras de amor e interés por la pareja, por lo que es difícil reconocer y rechazar estas conductas.

Hay ciertas frases usadas cotidianamente por quienes reciben y causan maltrato, que justifican y solapan la violencia, minimizando su impacto, por ejemplo: -te grité, pero es porque no entiendes, -no sé porque opinas de temas que no sabes, -calladita(o) te ves más bonita(o), -me cela porque me quiere, -me pegó, pero sólo porque había tomado.

Reflexiona acerca de los siguientes mitos, aunque es común escucharlos, son todos falsos:

1) Las agresiones dentro de un noviazgo son asunto privado y nadie debe meterse.

2) Las personas no maltratan sin motivos, siempre hay una provocación.

3) Si alguien es maltratado continuamente es su culpa por no alejarse.

4) La violencia en el noviazgo se presenta en casos aislados y puntuales, no es frecuente.

5) Los hombres nunca viven violencia por parte de las mujeres.

Ante la violencia en la pareja:

  • Activamente en una relación se debe conocer y reconocer a la otra persona, de lo contrario, se corre riesgo de tomar sólo un aspecto de su vida como la única historia, por ejemplo, cuando se le considera como la pareja ideal y única, sin identificar conductas agresivas y/o justificándolas.
  • Rechazar la violencia y hacer algo para detenerla. Buscar ayuda cuando sea necesario.
  • No justificar confundiendo el maltrato con amor. Después de las conductas de control, hay una línea delgada hacia conductas violentas explícitas.
  • No minimizar los actos de violencia. A veces pueden ser esporádicos los eventos de violencia severa, pero entre estos, hay todo un ambiente de maltrato, tensión y angustia. La violencia puede ser de diferentes grados de severidad, pero no por ello deja de ser violencia y causar daños.
  • No responsabilizarse a uno mismo cuando la otra persona decide ejercer violencia. Pero sí tomar responsabilidad para auto-protegerse y recuperarse de los efectos de la violencia.
  • Un paso a la vez. La dinámica de violencia en el noviazgo muchas veces dificulta alejarse de la relación. Hay que considerar que los avances que se den, dependen de los recursos con los que disponga la persona, de sus redes de apoyo, de la congruencia que se busque y la fortaleza que se trabaje.