Un nuevo año comienza y como si fuera ya una tradición o costumbre, los famosos propósitos se hacen presentes. Algunas personas se plantean mejorar aspectos relacionados a su salud física, como hacer ejercicio, tener mejores hábitos alimenticios y bajar de peso. Quizás otras opten por administrar mejor sus finanzas, comprarse algo que han anhelado, realizar un viaje, dejar algún mal hábito, aprender una nueva habilidad, etc.

Y si bien, por lo general iniciamos con mucho entusiasmo, es una realidad que conforme pasa el tiempo, la mayoría de las veces dichos propósitos se quedan en eso, en intenciones que al final no se concretan. Entonces, en este punto valdría la pena reflexionar ¿Por qué no lo logramos? ¿Qué nos desanima? O tal vez ¿Por qué sí lo logramos? ¿Qué hacemos cuando cumplimos lo propuesto?

Procura tomar un tiempo para ti, busca un espacio relajado, cómodo y pregúntate ¿Qué es exactamente lo que quieres lograr?  Para ello es preciso que el objetivo que te plantees lo hagas como una afirmación o en sentido positivo, por ejemplo: en vez de decir quisiera dejar de morderme las uñas, podrías intentar con: me gustaría aprender a manejar mi estrés, tensión o ansiedad. También, procura que tu objetivo sea lo más concreto o específico posible, preferentemente estableciendo tiempos o fechas que te permitan evaluar los avances que has tenido. De igual forma, analiza los recursos tanto económicos, personales, laborales, familiares, etc., con los que cuentas para cumplir dicho propósito y, por ende, aquellas cosas en las que debes seguir trabajando para lograrlo.

Existe un dicho que dice: “el que mucho abarca poco aprieta”; en este sentido, trata de comenzar por objetivos pequeños y sencillos, una vez que los hayas logrado, podrás plantearte otros que sean más complejos, pues de lo contrario si pretendes realizar varios proyectos o actividades al mismo tiempo, es altamente probable que no los puedas cumplir todos.

Por otro lado, no basta con preguntarnos ¿Qué es lo que queremos conseguir? Sino también cuestionarnos ¿Para qué? ¿Qué beneficios traerá para mí y para la gente que me rodea? Pues las respuestas a estas preguntas son la clave para que mantengamos nuestra motivación a pesar de las adversidades que se presenten en el transcurso del año.

En otro sentido, aunque es cierto que un nuevo año pueda significar un nuevo comienzo, no necesariamente tenemos que esperar estas fechas para realizar cambios en nuestro estilo de vida y en la forma como nos relacionamos. Pues a lo largo de nuestra existencia se presentan diversas circunstancias que significan un inicio, de hecho, cada día cuando despertamos, es una oportunidad para hacer algo diferente y benéfico para nuestra persona y los demás.

Últimamente hay más gente que se anima a realizar una “Bucket List” o lo que podríamos definir como una lista de cosas que nos gustaría hacer antes de morir; en esta lista además de agregar las actividades que deseamos realizar, también podemos separarlas por periodos. Por ejemplo: las cosas que me gustaría hacer antes de mi cumpleaños número tal, o las cosas que me gustaría hacer durante determinada época del año, como el verano, el invierno, etc.

Muchas veces tales deseos o anhelos no necesariamente implican proyectos sumamente ambiciosos, sino que también están relacionadas con los pequeños detalles, por ejemplo, caminar por la arena, observar las estrellas, sentir el viento en la cara, reír a carcajadas o incluso valorar nuestra persona, disfrutar la compañía de nuestros seres queridos, entre otras cosas.

Sin embargo, debemos encontrar el equilibrio entre una cantidad suficiente de deseo, convicción y tenacidad para lograr nuestros objetivos, pero también, la firmeza para mantener los pies sobre la tierra y la cabeza lo suficientemente pegada a los hombros para no olvidarnos de vivir el presente. No dejar de disfrutar el aquí y ahora por aferrarnos a algo y tampoco perder oportunidades por no intentarlo.

Pues como diría John Lennon “La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes”.

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