El feminicidio es el resultado fatal y trágico de la violencia hacia la mujer. Es necesario que reflexionemos en torno a los factores sociales e individuales que la perpetúan, principalmente que localicemos y pongamos en práctica medidas que nos ayuden a prevenirlo.

Según las cifras arrojadas por el INEGI, del 2007 al 2016, fueron asesinadas 22 mil 482 mujeres en las 32 entidades del país; es decir, aproximadamente cada cuatro horas una mujer (niña, joven o adulta) fue asesinada. El término feminicidio se refiere al asesinato de mujeres cuyo motivo se sustentó por el hecho de ser mujeres, por odio, ira, celos, placer, así como la ideología que sostiene que tienen derecho a hacerlo por superioridad o pertenencia. Las personas que cometen estos asesinatos pueden ser sus parejas, exparejas, familiares, personas del trabajo o de escuela e, incluso, desconocidos.

Los feminicidios tienen motivaciones de género, económicas, sociales, de etnia, etc. Por ejemplo:

  • Feminicidio familiar: Es el asesinato de una o varias mujeres de la familia, cometido por quien tenía o tuvo una relación íntima, cercana o familiar. En este rubro también se encuentra el asesinato de niñas que tenían una relación de responsabilidad, confianza o poder sobre ellas por el hecho de ser personas adultas.
  • Feminicidio por ocupaciones estigmatizadas: Es decir, no sólo se les mata por ser mujeres, sino también por creer que su ocupación es “desautorizada”. Por ejemplo: bailarinas, meseras, prostitutas, etc.
  • Lesbicidio: El asesinato de mujeres por su preferencia sexual.
  • Feminicidio racial: En este caso, se asesina por su condición de mujer y además por sus rasgos culturales y físicos.
  • Feminicidio sexual sistémico: Las mujeres después de ser secuestradas, torturadas y violadas, se exponen sus cadáveres semidesnudos o desnudos. Esto puede ser a manos de desconocidos, cercanos o familiares o delincuencia organizada.

 

Es necesario tomar en cuenta que detrás del feminicidio se encuentra la violencia de género. Entendemos como violencia hacia la mujer “cualquier acción u omisión basada en su sexo(mujer), que cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte”. La violencia se manifiesta de diversas formas, desde las más evidentes hasta las más difusas como, por ejemplo: insultos, amenazas, desvalorizaciones, violaciones, prostitución forzada, forzar la concepción o el aborto, mutilaciones genitales, acoso sexual, tocamientos indeseados, comentarios obscenos; reducción y privación de recursos económicos, impedimento al acceso laboral o escolar, desigualdad en la remuneración económica y en las oportunidades laborales, etc.

La violencia hacia las mujeres afecta significativamente la autoestima, la confianza, la individualidad y la autonomía de la mujer. En este sentido, podemos decir que el feminicidio es el resultado fatal y trágico de la violencia hacia la mujer.

Debemos tener cuidado al pensar que la violencia de género sólo se da en el ámbito de pareja porque no es así, ésta se da en el ámbito familiar, escolar, laboral, en la calle, y se puede ejercer desde la infancia hasta la vejez. La sutilidad con la que en ocasiones se ejerce la violencia hacia la mujer facilita que la sociedad lo acepte y lo permita. A pesar de lo alarmante de esta situación, la sociedad está acostumbrada a pensar que esto es lo “de siempre” o lo “normal”. Cuántas veces no hemos escuchado e incluso dicho los siguientes comentarios: “Eso le pasó porque andaba sola o porque andaba con hombres”, “Quién la manda a vestirse de esa forma”, “Algo ha de haber hecho para que la mataran”, “Si se hubiera quedado en su casa no le habría sucedido”, “Si está desaparecida es porque seguro se fue con el novio”, entre muchos otros comentarios.

Durante muchos años se nos ha educado bajo el esquema de que las mujeres valen menos que los hombres y que por lo tanto no deben tener los mismos derechos. Que las mujeres sólo deben dedicarse al hogar para ejercer su rol como esposa y madre, que la maternidad es la única realización de la mujer, que las mujeres tienen capacidades inferiores, que son “muy hormonales”, que deben ser tiernas y femeninas, que si rechazan a un hombre son unas “apretadas” o al contrario son unas “fáciles” y ejemplos como estos sobran.

Estas ideas se han transmitido de generación en generación y si bien, han existido esfuerzos por luchar para la igualdad de género, las cifras que mencionamos al inicio, dan cuenta de que estos pensamientos siguen vigentes y que como sociedad estamos siendo cómplices de que estos crímenes se continúen perpetrando al validar e invisibilizar la violencia hacia la mujer. Normalizar la violencia promueve que nuestras mujeres no la reconozcan, que no sepan qué hacer ante la violencia, que no pongan una denuncia, que no las sepamos apoyar y que no se llegue al feminicidio. Implica también que los hombres crezcan desprovistos de sensibilidad hacia las mujeres, hacia sus propias necesidades emocionales y los limita a ser proveedores económicos, autorizados para ser violentos.

El reto hoy es prestar atención a nuestras propias conductas e ideología, así como a las de los grupos en donde interactuamos, responsabilizarse en lo que transmitimos como personas adultas, por ejemplo: a realizar las labores domésticas en equipo, a procurar bienestar de cada miembro de la familia; en pareja ambos pueden trabajar, cuidar de sí mismos, ser independientes y también tener proyectos comunes, de esta forma los dos están colaborando al mantenimiento de una familia que es su responsabilidad y derecho; alentar a las personas menores con quienes interactúas a estudiar o esforzarse por lo que realmente los hace sentirse felices y en plenitud; enseñar que nadie tiene derecho a obligarse a hacer algo que no quieran y que, si ocurre, bajo ninguna circunstancia es su culpa. También enseñar a las personas a no proponerse asumir toda la responsabilidad económica por ser hombre, a resolver sin agredir, de manera física o verbal, y a que se vista como prefiera.

De igual forma, es preciso entender que no es normal vivir con miedo, que no es normal que como mujeres y personas en general, no podamos salir a trabajar, a estudiar o divertirnos sin la angustia de saber que regresaremos con bien a nuestros hogares. Se necesita de un trabajo en conjunto por parte de hombres y mujeres, que no nos callemos ante cualquier acción que denigre o agreda a las mujeres, así como es necesario exigir a las instituciones y autoridades correspondientes que garanticen la seguridad no sólo de las mujeres sino de todas las personas.

Finalmente, pregúntate ¿Qué estás haciendo tú hoy para prevenir la violencia hacia la mujer y el feminicidio?