Nuestro cuerpo está compuesto por cerca de 70% de agua (almacenado principalmente en las células y el plasma de la sangre), siendo un líquido vital. Mientras que el humano puede aguantar hasta 15 días sin comer; luego de tres días sin agua empieza a presentar síntomas de una deshidratación severa, que a su vez puede causar una descompensación, misma que se reflejará con dolor de cabeza, náuseas, mareos, cansancio o estreñimiento, si esta condición persiste puede dañar nuestros riñones.

Los riñones son órganos vitales que realizan muchas funciones de limpieza y equilibrio en la sangre, algo así como una maquinaria de purificación. A diario, depuran unos 200 litros de sangre para filtrar unos 2 litros de desechos y exceso de agua, los cuales se convierten en orina.

Los desechos son parte de la descomposición de los alimentos que consumimos, si no tomamos agua, podemos dificultar el trabajo de los riñones, provocando una acumulación de toxinas, que a su vez puede ser dañina para otros órganos o para los riñones mismos; por ello la importancia de consumir agua de forma constante; los requerimientos de líquidos dependerán de las características de cada persona, sin embargo, existe la opción de que se consuma de 1.5 a 2 litros de agua al día (su consumo en exceso también puede ser perjudicial), para mantener un estado de salud óptimo e hidratar a órganos como el corazón, el cerebro, la piel, etc.

Es importante saber que, si se realizara algún deporte o ejercicio, el consumo de agua deberá de adaptarse y ello dependerá de la actividad realizada, su frecuencia y duración, pues la actividad física puede aumentar nuestra temperatura, provocando la producción de sudor y haciendo necesaria la reposición de los líquidos.

Además del sudor y la orina, otra fuente de escape del agua es a través de la respiración, pues cuando expulsamos bióxido de carbono en cada exhalación, una importante cantidad de vapor viaja de nuestros pulmones al exterior, contribuyendo así a deshidratarnos. Otro mecanismo es a través de las heces fecales, ya que nuestro intestino grueso se encarga de reabsorber el agua antes de expulsarlas, el inconveniente se puede presentar cuando se tiene diarrea, pues se puede llegar a perder hasta medio litro de agua en poco tiempo.

En el caso de la piel, que es el órgano más grande de nuestro cuerpo y está expuesta a cambios de temperatura, como el frío y el calor, el agua cumple una función importante ayudando a limpiarla, oxigenarla e hidratarla, así como a eliminar toxinas provocadas por la contaminación, por fumar o por consumir alcohol, refrescos, etc. El no hidratarnos correctamente puede causar una piel seca y áspera.

Por todo esto, el agua es un líquido primordial para la vida: contribuye a la estabilidad de los hábitats naturales y al correcto funcionamiento del cuerpo humano; la contaminación y su escasez representan un grave peligro para la vida.

 

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