Hay cosas que son más fáciles de decir que de hacer. “No excederse” es seguramente una de las más complicadas de lograr a pesar de que podemos escuchar y leer esta frase frecuentemente. Entonces ¿por qué es tan difícil no excederse?

En la búsqueda constante de la felicidad, nos encontramos con pequeños –o grandes- placeres que pueden llegar a ser difíciles de controlar. Tal vez, en ocasiones, no es el simple hecho de disfrutar una porción de la vida de manera desmedida lo que nos hace excedernos, sino encontrar en ese “algo” una salida, la deliciosa forma de eludir una realidad con la que no estamos conformes, por no saber cómo manejar la vida que hemos elegido o “por simple curiosidad”.

Analicemos, para casos prácticos, brevemente la historia de Jim Morrison, cantante del renombrado grupo “The Doors” quien, en la década de los 60 y 70, fue también famoso por su constante abuso de alcohol y otras drogas. A lo largo de su carrera, estos excesos se tornaron en una enfermedadtan severa que lo llevó a provocar escándalos constantes que le costaron varios arrestos y la cancelación de algunas presentaciones.

Hacia el final de su breve vida, Morrison comenzaba ya a perder el contacto con el mundo real. Las grabaciones se tornaron imposibles; el trato con él, cada vez más difícil. A los 27 años decide viajar a París, donde el 3 de julio de 1971, es encontrado muerto en la bañera de su departamento. La causa es un misterio ya que aún se ignora si fue debido a un paro cardiaco, o por ahogamiento al haberse quedado dormido en la bañera, fuertemente drogado. El legendario “Rey Lagarto” había muerto, entrando al fúnebre “club de los 27” por la vida de excesos que llevó.

La vida de Morrison puede ser un ejemplo obvio de cómo nos afectan los excesos; y puede ser que, a veces en la realidad, éstos sean más fáciles de esconder –por  lo menos al principio, y por algún tiempo- pero siempre serán como una bola de nieve que crece y rueda arrasando lo que encuentra a su paso. Podemos tener excesos constantes –como quienes ya han desarrollado cualquier mal hábito- o podemos excedernos de manera “explosiva”, como cuando no hemos bebido alcohol en mucho tiempo pero, en una noche, bebemos lo de varios meses.

Lo que es un hecho es que el exceso, sobre todo de alcohol y drogas, es un problema social que no sólo crece, sino que se va presentando en edades más tempranas. El periódico “La Jornada”, en su edición del 30 de marzo del 2015, advertía ya, que expertos de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), notaron – pese a acciones reguladoras del gobierno- que la edad de ingesta de alcohol entre los jóvenes mexicanos bajó a los 12.6 años; mientras que las edades promedio donde se inicia el consumo de drogas ilícitas como marihuana, metanfetaminas y cocaína oscilan entre los 12 y los 19 años.

El consumo de estas sustancias afecta de diversas formas a las personas, y en varios niveles. Como el exceso es multifactorial, esta problemática no se queda en casa; se traslada también a los centros de trabajo, alterando – más de lo que se cree- el desempeño de los trabajadores y la situación económica de las empresas.

¿En qué medida afectan los excesos a las organizaciones?

Los trabajadores no sólo irán viendo cómo merma su salud, sino también su rendimiento y calidad en el trabajo; alterando irremediablemente la productividad de la organización debido al incremento de accidentes laborales, absentismo, y los gastos que deberán cubrirse derivado de ello.

Según Organización Internacional del Trabajo (OIT) el 70% de personas con problemas de alcohol, y el 60% de las personas con problemas de drogas laboran; lo que rompe la creencia de que, quien toma o se droga, no trabaja.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reportó, en el 2014, que el 70 % de los accidentes laborales reportados en el mundo fueron causados por trabajadores que estaban bajo la influencia de alcohol o drogas. Como podemos ver con estas escalofriantes cifras, el exceso es algo que debe tomarse seriamente en cuenta.

Por eso es TAN importante que la vida tenga un equilibrio. El bienestar integral no es sólo una ideología; es una herramienta SUMAMENTE NECESARIA para poder alcanzar nuestras metas personales y laborales.

Vivir en equilibrio no significa renunciar a los placeres de la vida, siempre y cuando estos no nos afecten personal ni socialmente. Vivir en equilibrio nos invita a tener mesura en todos los aspectos de la vida, para poder disfrutarlos siempre. No es sencillo, lo sabemos; pero no hay necesidad de hacerlo a solas; para eso están los expertos.

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