¿Qué pasa dentro de la empresa cuando los trabajadores llevan, más allá del plano laboral, las relaciones personales? Ya sea clandestinamente por estar casados con alguien más, o de manera más relajada por considerar la oficina en la actualidad como “el lugar perfecto para buscar pareja”, las relaciones amorosas –y las meramente sexuales- no son algo nuevo dentro de la oficina, pero sí un evento cada vez más común que afecta la estabilidad, el bienestar emocional y legal de los trabajadores, así como su rendimiento en la empresa.  Y es que, el problema para las organizaciones no es el tipo de relación per se, ni su duración, ni su moralidad; sino los favoritismos, los conflictos de intereses y las posibles revanchas que se constituyen a partir de ellas.

Hay que tener cuidado con la jerarquía de los involucrados en los romances, ya que una cosa es el romance entre colegas, y otra entre superiores y subordinados. Contemplemos también las desavenencias posibles al iniciar un romance,  en donde se puede presentar el favoritismo corporativo, pero también las que se podrían manifestar en una posible etapa de ruptura; como los tratos injustos y poco éticos. Y no son menores los conflictos que se pueden suscitar durante la relación, ya que ambas partes podrían recibir menos beneficios y oportunidades, o ser objeto de rumores y envidias. Traducido esto al idioma corporativo: un romance o amorío podría reflejarse en bajo rendimiento, mal ambiente laboral, rotación, despidos o fuga de talento.

Ante esta situación, existen diversas posturas que varían dependiendo de cada empresa. En algunas consideran que, al ser el lugar en donde la  gente pasa la mayor parte de su tiempo, es natural (y hasta conveniente) dejar que las cosas fluyan naturalmente entre los empleados para que estos, al estar satisfechos y tener más estabilidad personal, sean también más productivos. Por el otro lado, están las empresas que mantienen políticas restrictivas poco realistas ante relaciones que siempre serán una posibilidad entre personas que conviven diariamente más de 8 horas, compartiendo objetivos y fracasos, premios y viajes de negocios.

Comprendamos pues, que si las reglas son demasiado prohibitivas, las personas no dejarán de tener amoríos; solamente se verán orilladas a sostenerlos en la clandestinidad, lo que generará deshonestidad hacia los otros miembros de la compañía y, en cierto punto sobre todo si la relación prospera, deberán elegir entre la vida personal y  la laboral.

De acuerdo con una encuesta realizada entre 617 compañías trasnacionales por la Society for Human Resource Management, 72% de estas no cuenta con una política que prohíba relacionarse sentimentalmente con alguien de la oficina; otro 14% sostiene que, si bien no tiene una política escrita, sí se preocupa por crear un ambiente que desaliente las relaciones entre empleados, y solo 12% se opone a los romances entre compañeros.

En México, los directivos no suelen ver con buenos ojos las relaciones amorosas, aunque no lo reconocen abiertamente. De hecho, en la mayoría de las empresas que operan en nuestro país, las reglas se tratan de manera muy discreta, al punto de llegar a ser poco claras.

Y es que, la Ley Federal del Trabajo no establece como causal de despido la existencia de una relación afectiva entre empleados sin importar si tienen el mismo nivel de responsabilidades o no. Por eso, las empresas deben tratar con mucho cuidado este tema.

Sea cual sea el caso, es bueno que las empresas tengan un plan de acción  que permita encausar este tipo de relaciones; con el único fin de no entorpecer el rendimiento laboral de ninguna de las partes, ni de generar un mal ambiente para los demás. Por eso, al redactar los lineamientos, es de suma importancia tener en cuenta el bienestar legal pero también el bienestar emocional de todos los empleados en vez de solamente contemplar el de los implicados.

Sugerimos a la empresa considerar lo que Jorge Llaguno, académico de Factor Humano, Persona y Familia de IPADE Business School opina al respecto: “La organización tiene derecho a manejar un mínimo de información veraz sobre la vida de sus empleados”. Porque “este derecho, no implica ir más allá de la información pública. Es decir, lo que permanece secreto en la vida de la persona, es también sujeto a ser ocultado a los ojos de la empresa, por un elemental derecho a la privacidad”.

Y entonces, ¿qué camino se debe tomar?

Lo mejor sería encontrar un punto medio; uno en donde haya una política que permita a las personas tratar estos temas, de modo confidencial, con sus jefes directos. Un punto donde la reglamentación para este tipo de relaciones sea un asunto de educación y de puntos claros, basados en políticas que contengan  control de conflictos de interés y de ascensos basados en méritos públicos. Pero también, sería de gran ayuda contar con el respaldo de un equipo de expertos en materia legal y emocional, pues brindarían más certeza, confianza y seguridad, no sólo a la empresa, sino también a los implicados en la relación, así como a los demás miembros del equipo que pudieran verse involucrados en los resultados de alguna toma de decisión.

“Soy capaz de resistir todo… menos la tentación.”

                                                                 Oscar Wilde

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