El sueño es importantísimo para los humanos y, aunque el tiempo de sueño varía con la edad, podemos decir que una persona adulta necesita dormir –en promedio- de 6 a 9 horas diarias. Cuando esto no sucede y dormimos por más (o menos) horas, podríamos estar presentando algún tipo de trastorno del sueño. Si este es tu caso, evita cualquier tipo de automedicación y consulta a un especialista.

El sueño saludable no solamente se trata de acostarse y cerrar los ojos. El descanso es tan importante como llevar una buena alimentación; y como cualquier buen hábito, para descansar la mente y el cuerpo también se necesita de trabajo y constancia. De nosotros depende aprender a tener más organización, productividad y autogestión  en la rutina, para descansar adecuadamente todas las noches.  Y es que no estamos hablando de cualquier hábito; tengamos en mente que las personas podemos dejar de comer por un máximo de 60 días antes de morir, pero sólo hay registros de poder pasar 11 días en vigilia. Las anotaciones al respecto muestran que, durante este tiempo, las personas se comportaron como sonámbulas y comenzaron a experimentar movimientos involuntarios de los músculos; luego vino la pérdida de peso,  la demencia y, finalmente, la muerte. Comprendamos que no es la falta de sueño lo que causa la muerte, sino la falta de descanso y sueño reparador lo que va provocando daño cerebral generalizado.  Tan crucial es el descanso, que la CIA en Estados Unidos, reconoció haber recurrido a la privación del sueño como uno de los principales y más brutales métodos de tortura utilizados sobre prisioneros en Guantánamo, y tras el 11 de Septiembre.

Pocas horas de sueño, o noches mal dormidas, con frecuencia determinan de qué humor estaremos durante el día. En un estudio de la Universidad Estatal de Ohio sobre una empresa de call-center enlistada en Fortune 500, se identificaron ciclos virtuosos y ciclos nocivos en el desempeño. Pudo observarse que las personas que reportaron menos horas de sueño llegaban con un humor más negativo, eran menos productivas, se desvinculaban de la empresa y estaban menos disponibles para los clientes.  Mientras que las personas que reportaron una mayor cantidad de horas de descanso durante la realización del estudio, llegaron con humor más positivo de lo normal y usaron menos muletillas al hablar, expresándose de manera más profesional.

Si bien, no siempre se pueden olvidar los pendientes del día, debemos proponernos dejarlos ir momentáneamente para darle un respiro a nuestra mente y poder abordarlos, posteriormente, con una perspectiva más fresca. Puede ser que, al principio, nos tome algún tiempo lograrlo pero, con práctica y perseverancia, el descanso se convertirá en un hábito que mejorará considerablemente nuestra calidad de vida.

La alimentación y su papel en la calidad del sueño

La comida ,sin lugar a dudas, juega un papel crucial al momento de conciliar el sueño. Nuestras expertas en nutrición recomiendan:

  • Integrar en nuestra dieta diaria alimentos como: pescado, huevo, pollo, pavo, frijol, garbanzo, soya, semillas de calabaza, ajonjolí, nueces, verduras de hoja verde, cereales integrales y algunas frutas con cáscara ya que contienen triptófano (aminoácido que ayuda a que nuestro cerebro funcione de forma adecuada y permita el descanso).
  • Evitar consumir azúcares refinados como los que se encuentran en el pan dulce, las galletas, los jarabes y las golosinas en general. Así como productos con cafeína: café, té verde, negro, rojo y blanco; refrescos y chocolates.
  • No te acuestes con hambre; toma una cena ligera al menos 1 hora antes de acostarse.

Adopta una rutina para descansar

En la medida de lo posible, termina tus pendientes más urgentes antes de dormir. Evita fumar, pues la nicotina es un estimulante. Ponte una pijama cómoda y apaga las luces y la televisión. Rompe con la rutina de tener el celular, tablet, o computadora al lado de la cama. Elige una posición cómoda y concéntrate en tu respiración. Inhala profundamente en 5 tiempos  y exhala de igual forma sintiendo cómo se llenan y vacían tus pulmones. No pienses en nada más. Cuando algún pensamiento venga a tu mente, vuelve a concentrarte en tu respiración.  No siempre será sencillo el dejar “la mente en blanco” pero, con práctica y constancia, podrás lograrlo.

Este momento es tuyo, aprovéchalo para descansar, para renovarte. Cuida tu mente y tu cuerpo, no hay nada más importante que estar bien.

 

“Toma un descanso, un campo que ha descansado da una hermosa cosecha”

Ovidio, poeta griego